San Martín de los Arboles.

Por Ricardo Caletti

Elegí la actividad que más te guste. Te espera, además, una aventura visual que es imposible imaginar.
Cuando se observa a este pueblo del sur de la cordillera del Neuquen desde alguno de los miradores sobre el lago Lácar, en lo alto, no se sabe bien si es el bosque el que ingresa al pueblo o el pueblo al bosque. Ambos conviven con intensidad, como en ningún otro pueblo de la cordillera patagónica.
Y en otoño el color se  apodera de todos los árboles.
Primero se transforman los de las especies que fueron traídas al lugar: manzanos, guindos, cerezos, perales, álamos, sorbus con sus curiosos frutos brillantes y colorados, van incorporando rojos, anaranjados, amarillos en las laderas y en los jardines. Y cuando éstos estallan en tonos, comienza el proceso de coloración del bosque nativo. Es impresionante. Los roble pellín forman masas ocre brillante en las laderas, las lengas en la altura de las montañas son carmín y violeta, los ñire anaranjados, los raulíes rosados y amarillos. Y toda esta danza de tonos y colores que avanza cada día, se recorta contra los diferentes verdes de los árboles de hora perenne; cipreses, cóihues y maitenes.
San Martín de los Arboles es una danza visual que tiene como marco más alto el blanco de las primeras nevadas en las montañas y el azul de los lagos, en los que por la mañana se levanta una bruma misteriosa y lenta.
Los pasos se vuelven crocantes con las hojas. Los aromas de los primeros leños quemándose en los hogares invaden el aire.
Las rosas que están en todas las veredas del pueblo, siguen en esplendor, ajenas a este inicio del tiempo de los fríos.
Entretanto, en los valles, es la época del apareamiento entre los ciervos colorados, Y el bramido de los machos que bajan de las montañas convocando a sus harenes se multiplica en las montañas con enorme potencia vital.
El otoño en San Martín de los Andes es único, porque el bosque del Parque Nacional Lanín es el que cuenta con mayor diversidad de especies, y por lo tanto de tonos y colores. Es el único Parque Nacional de Argentina en el que están representadas tres especies del bosque andino patagónico: el roble pellín, el raulí y la araucaria araucana.
Hay algunos puntos de los alrededores de la localidad y de sus circuitos tradicionales que resultan imperdibles: desde el mirador Arrayán, a 5 km del casco urbano, hay que observar la ladera del cerro Curruhuinca, enfrente, con todas las masas de roble y de raulí estallando de color. Desde la Base de Chapelco, se puede observar el bosque alto de lenga con sus tonos carmín y violeta. Desde lo alto del Paso Córdoba, entre el lago Meliquina y Confluencia, se tiene un panorama soñado de los tonos del otoño. En la ruta de los Siete Lagos, son imperdibles los álamos que están junto a la hostería de la Familia Quintupuray en la ribera del lago Correntoso, y las arboledas del lago Espejo Chico. En Villa Quila Quina, a 16 kilómetros de San Martín de los Andes, la diversidad de tonos y colores es completa. Lo mismo ocurre en el camino a Termas de Lahuencó a partir del lago Currhué Grande, y en el camino a la cabecera oeste del lago Huechulafquén y al lago Paimún, a partir de la mitad del trayecto por la ribera norte.
El otoño es la estación de los sentidos. La de un inacabable asombro a cada paso, acompañándote en la aventura que hayas elegido disfrutar.

 

Nota y Fotos Ricardo Caletti