Cruce del Paso Beban
Una aventura memorable en las cordilleras fueguinas


Por Ricardo Caletti


Las cordilleras de Tierra del Fuego son un laberinto. Todo el sector austral de la Isla Grande, desde la costa del canal Beagle hasta el lago Fagnano tiene estas singulares características.

Ocurre que estas montañas y su casi inexpugnable desarrollo pertenecen a un basamento geológico y a un plegamiento que sólo se verifica en este sector del territorio argentino. El lago
Fagnano ocupa la falla entre la placa Sudamericana hacia el norte, y la placa Scottia hacia el sur. Las montañas al sur del gran lago resultan así completamente diferentes a las del resto de la cordillera. 

Hasta 1908 no se había podido encontrar un paso que conectara a Ushuaia con el norte de la isla. Fue Tomás Beban, un joven jefe de bomberos y proveedor de carne al presidio el que descubrió un paso entre las montañas persiguiendo a un grupo de presidiarios que se habían fugado.

El punto de partida para quienes hoy intenten realizar la travesía del antiguo Paso Beban se ubica a la vera del Valle Carvajal, en el kilómetro 17 de la ruta nacional Nº 3 partiendo desde Ushuaia. Allí se encuentra el predio “El solar del bosque”, donde en los inviernos se practica esquí de fondo. La altura sobre el nivel del mar desde este punto es de 270 metros.

La travesía se inicia en dirección al oeste-noroeste teniendo como referencia una cumbre redondeada que se identifica de las demás. Es el Cerro Bonete. A pocos centenares de metros de iniciar la travesía, aparecen diques de castores, y atrás queda todo vestigio de actividad humana. Sobre terreno esponjoso de turba se debe bordear el Cerro Bonete por su base, dejándolo a la derecha y de ese modo se deja a espaldas el Valle Carvajal. Se ingresa en un cañadón por donde corre un río serpenteante. Son el cañadón y el río Beban, y al fondo se destaca un Cerro Coronado siempre de nieve: el Ojo del Albino que trepa a 1.020 metros, con un pequeño glaciar colgante.

Una huella apenas perceptible marca la dirección a seguir dentro del cañadón, pero grupos de lenga achaparradas interrumpen a veces esta señal en la tierra y se debe  tener el cuenta que la dirección a tomar es el fondo del valle. Se requieren unas cuatro a cinco horas de marcha para llegar a este punto y dejar atrás el Ojo del Albino encarando un valle que se abre a la izquierda. El río Beban viene bajando por este sector, de modo que sólo se debe seguir remontándolo. Al fondo de este nuevo cañadón, se observa una pared de acarreos de piedra. Es el sector de la travesía de mayor dificultad, ya que superándolo se va a poder alcanzar el Paso Beban 1 y el Paso Beban 2.

Para llegar al pie de este obstáculo se deben transitar 11 kilómetros desde el inicio de la aventura. A lo largo de esta etapa, al igual que en la siguiente, la naturaleza se muestra en esplendor. lengas, guindos, cóihues, muchos de ellos retorcidos por los vientos, flores de todos colores en el verano, diversidad de aves, grupos de guanacos que se asombran de la presencia humana, y la obsesión hidráulica de los castores son una compañía permanente. Las montañas con crestas agudas, tanto negras como multicolores, muestran la fuerte erosión del clima y de los rastros de las etapas de glaciación.

El cruce de este paso de rocas sueltas con una inclinación de 45 % es de dificultad severa, pero vale la pena el esfuerzo. Poco a poco el valle por el que se había transitado queda abajo, y se alcanza una plataforma a 760 metros de altura: es el Paso Beban 1. Desde este punto y hacia el norte se percibe el nuevo e inmediato desafío. Se debe atravesar una larga lengua de acarreos sueltos generalmente con nieve todo el año, para ascender a los 825 metros, el punto más alto de la travesía: es el Paso Beban 2. Una vez allí la visión es formidable. Hacia el sur se observa un extenso tajo en las montañas a través del cual se ve el canal Beagle y la isla chilena Hoste. Hay que tener en cuenta de no tomar en esa dirección. Se trata del llamado Falso Paso Beban, que conduce nuevamente a Ushuaia, en vez de atravesar la isla en dirección al lago Fagnano.

Desde lo alto del Paso Beban 2 se inicia el descenso hacia la vertiente norte de la cordillera fueguina. A poco de andar se ve un río de aguas blancas que hay que seguir para llegar a la margen sur del Fagnano. Se trata del Río de las Yeguas.

Lo recomendable es que en las proximidades de la naciente de este curso de agua, se acampe y se realice el pernocte. La distancia a recorrer en la primera jornada habrá sido entonces de 16 kilómetros.

Para comenzar el nuevo día de travesía, hay que descender lentamente hacia el fondo del valle que se abre el dirección sureste- noroeste. A la izquierda, de las paredes verticales de los cerros se desprenden cascadas que nacen en los espejos de agua de altura: las lagunas Azul y Lola. Siguiendo siempre el río de las Yeguas y atravesando permanentemente por las riberas las construcciones de los castores, el valle dobla en un ángulo muy marcado y toma dirección sur-norte. Un panorama formidable se abre entonces a los ojos en cuanto se toma altura: el lago Fagnano al fondo y detrás de él el cordón montañoso Beauvoir que cae vertical.

El sendero se pierde varias veces, pero el río de las Yeguas marca la dirección a seguir. En este punto se debe bajar junto a varias cascadas, y en oportunidades caminar sobre las lengas achaparradas. Desde que se ve el lago a lo lejos hasta que se llega a la ribera, hay que disponer de tres horas más de marcha. El punto de llegada de esta travesía es Bahía Torito, en donde se levanta la hostería de la familia Echeverría. Excelente sitio para el pernocte y la comida y el calor reconfortantes.

Desde la hostería de Bahía Torito hay dos alternativas: seguir durante dos jornadas más el faldeo de las montañas de la coste sur del lago Fagnano hasta alcanzar Bahía Palacios y la sede el Club de Caza y Pesca Ushuaia para retornar por tierra a Ushuaia, o aprovechar la proximidad de Tolhuin para disfrutar de este pueblo ubicado en la cabecera oriental del lago, o bien solicitar por radio desde la hostería, que una embarcación llegue para el traslado hasta Bahía Palacios.

La travesía del Paso Beban es memorable. La recomendación es realizarla en verano, estar en buen estado físico y llevar equipo liviano junto con abrigo para la noche.

 

Desde el ingreso al Cañadón Beban hasta las proximidades de Bahía Torito, pueden verse las marcas en los árboles que Tomás Beban fue haciendo con su hacha en 1908 para señalar su derrotero. Por entonces, estas hendiduras verticales en los troncos las fue dejando en la base de algunos árboles. Pero ahora, no hay que buscarlas ahí. El crecimiento de un siglo de las lengas ha hecho que las señales del hacha de Beban hoy se ubiquen a más de un metro y medio de altura.

El cruce de este paso montañoso es un viaje por la intimidad de las cordilleras de Tierra del Fuego y por su historia. Permite comprender el valor de la intemperie, de la naturaleza del fin del mundo y del silencio.


Nota Ricardo Caletti
Fotos Ricardo Caletti