Por Ricardo Caletti
El 21 de junio, en nuestro hemisferio sur terrestre, es el día del inicio del invierno. La jornada de luz más corta del año y la noche más larga. Es por eso, que al revés de lo que tenemos incorporado como conocimiento, durante el invierno los días se alargan y las noches se acortan.
Hoy el sol despuntó en el extremo del horizonte. Llegó a su tope anual. Pero se ha de quedar en esta posición, inmóvil, tres días. El 24 de junio, comienza su nuevo desplazamiento en el sentido contrario, y a simple vista, el día despunta antes, y la noche cae después. Son los tres días de
muerte y resurrección de unas cuantas religiones del hemisferio norte terrestre. Claro que la fecha es la que corresponde al sector boreal: el 24 de diciembre.
Es simplemente por eso que nuestras “Fiestas” comienzan el 24 de diciembre, celebrando el nacimiento de quien es símbolo de este fenómeno de muerte y resurrección. Nos estamos equivocando de hemisferio los que vivimos acá.
El 24 de junio, en tierra sagrada, -rehue-, las comunidades Mapuche y algunos no mapuche invitados a participar de la ceremonia, volveremos a celebrar el regreso de la luz, que los ciclos recurrentes vuelven a ser recurrentes, que habrá nuevas pariciones de los animales, la renovación de las pasturas, las nuevas hojas que van a llegar a las yemas terminales de los árboles, en definitiva, que la vida se renueva. Se inicia el ciclo de la luz y de la fertilidad. De la renovación completa del "Wajmapu", el mundo y el cosmos, y el fortalecimiento del "ixtofijmogen", la biodiversidad.
“Nos reunimos para desear, todos juntos, que al igual que ocurre en los cielos, todo lo que tenga oscuridad, retroceda”, me dijo Doña Rosa Cañicul, anciana colmada de conocimiento, con su frente ornada con su tralilonco de plata.
Y esta celebración, nacida de la sabiduría milenaria de nuestros pueblos originarios, no es exclusiva de Neuquén y de la Patagonia. En el norte argentino, el mundo Quechua celebra también su Inti Raymi, la Fiesta del Sol.
En definitiva, el 24 de junio de cada año, al hemisferio sur del planeta y a los habitantes que giramos en él, nos llega el año nuevo. El nuevo ciclo de vida renovada, digna de ser celebrada.
Yo estaré, en esta oportunidad, en el rehue de la Comunidad Mapuche Vera, a apenas 11 kilómetros de San Martín de los Andes, compartiendo la comida y la bebida, la danza y el sonido del ñorquín, la pifilca, la trutruca y el latido del kultrún, entre el zumbido de cascabeles, disfrutando e incorporando la circulación del conocimiento, unido como hace más de quince años con todos los peñi, hermanos, deseando desde el corazón, y para todos, que todo lo que tenga oscuridad, retroceda.
Ricardo Caletti
Link a San Martin de los Andes
