Por Ricardo Caletti
El momento de mayor tránsito es en el verano.
Durante los inviernos, lo recomendable es hacer caso a las recomendaciones de las autoridades viales: nieve, barro, hielo, necesidad de cadenas, exclusividad para vehículos todo terreno, son algunas de las indicaciones que pueden aplicarse desde junio a principios de octubre. En el otoño, el impacto de los colores del bosque es singular y durante los atardeceres y el inicio de las noches, la brama de los ciervos colorados retumba en los valles. Es necesario conducir con mucha precaución tras la puesta del sol, ya que los ciervos se cruzan en el camino. En primavera, es el tiempo del disfrute de los colores de las flores, del renacer de los bosques, y del espectáculo de las cascadas engrosadas con los deshielos.
Partiendo por la ruta nacional 234 desde el puerto de San Martín de los Andes, el primero de los lagos a disfrutar es el Lácar. En ésta área, el Parque Nacional Lanín se manifiesta en esplendor. Cada lago es único, irrepetible, tiene su personalidad, transmite su carácter. Los hay apacibles e intimistas, y también abiertos e impetuosos.
La ruta sube permanentemente atravesando las tierras de la Comunidad Mapuche Curruhuinca, y en el kilómetro 15, queda a la izquierda el desvío hacia el Cerro Chapelco. Hay que continuar por la ruta asfaltada y a poco de andar se anuncia un puente sobre el Arroyo Partido. Es digno de detenerse. Hay un sitio para estacionar y un mirador. Se puede observar como el arroyo baja del Cordón Chapelco con un único cauce, como si fuera un torrente más de montaña. Pero tras pasar por debajo del puente, se abre en dos brazos: el de la izquierda va a parar al Océano Atlántico y el de la derecha al Pacífico. Es la única oportunidad de ver tan fácilmente una divisoria de aguas. Continuando la ruta, se deja a la izquierda el desvío hacia el Lago Meliquina que queda a sólo 5 kilómetros y una señal indica que se está bordeando una laguna llamada Fría. Se trata de un sitio singular para el avistaje de aves, y en el invierno tiene la curiosidad de que se congela. Apenas un kilómetro más adelante, se abre el lago Machónico. Su nombre en Mapuche indica que en el agua hay camarones, y en verdad, los hay. Resulta muy interesante observar la ladera que se tiene frente al mirador. Allí, hace ocho años, un tremendo incendio forestal dejó los faldeos negros y yermos. Pero la naturaleza ha sabido recolonizar el área, y ya se ven bien verdes a todos los protagonistas del sotobosque y algunos renuevos de las especies de árboles que se obstinan en volver a poblar la montaña.
La ruta invita a detenerse a cada paso. A conducir despacio. Unos cinco kilómetros adelante, se abre a la derecha un camino secundario de ripio que conduce a la laguna Pudú Pudú y al lago Hermoso. Pero en este viaje la consigna es no apartarnos de la Ruta de los Siete Lagos, que por ahora nos ha mostrado sólo dos. Tras dejar atrás la seccional de Guardaparques de Lago Hermoso, se observan a cada lado de la ruta dos portales. Nos indican que dejamos de transitar el Parque Nacional Lanín e ingresamos al Parque Nacional Nahuel Huapi. Es que la Ruta de los Siete Lagos tiene la particularidad de enlazar a tres de los Parques Nacionales Argentinos más emblemáticos y bellos, al sumarle también el Parque Nacional Los Arrayanes, en la Península de Quetrihué, en Villa La Angostura. En el inicio del tránsito por el sector norte del Parque Nahuel Huapi, en el kilómetro 42 de nuestro trayecto, se encuentra un área para detener el vehículo y un mirador. No hay que perderse la cascada de Bullinanco que cae dividiéndose en dos en una enorme piedra. Continuando el camino, apenas a tres kilómetros a mano izquierda se abre el Lago Falkner. En el verano, en la zona costera crecen sabrosas frutillas silvestres, y durante todo el año es interesante prestar atención sobre las formaciones negras de basalto que se levantan como torres en la margen sur. Se trata del cerro Buque, y en él anidan cóndores que es muy posible verlos planeando cuando el aire se calienta y produce corrientes ascendentes. Una vez que uno logra desprenderse de la fascinación de este rincón del sur neuquino, se cruza el puente sobre un río, y a la derecha se ve el Lago Villarino en toda su extensión. El camino lo va bordeando mientras sube, y en lo más alto hay un sitio para detenerse y asombrarse de la armonía de los bosques poblando las laderas hasta el agua, de la transparencia del lago, en el que a veces se pueden ver grandes truchas nadando plácidamente.
Por el momento, hasta este punto llega el asfalto. De allí en más, la tierra, el ripio o el barro requieren de más prudencia en el manejo. El bosque se cierra sobre el camino y hay que prestar atención a la derecha, ya que entre los enormes cóihues hay un sitio donde ingresar unos metros con el auto y detenerse. Es el rincón mágico desde donde observar un lago impresionantemente verde, cristalino y siempre espejado: el Lago Escondido. Conviene mantenerse en silencio. En este punto es posible ver pájaros carpinteros gigantes, el macho con su cresta roja y la hembra con la totalidad de su plumaje negro. Y en el silencio se pueden ubicar por la percusión de sus picotazos en los troncos.
Dejamos atrás este quinto lago de la ruta y un puente nos permite superar el río Pichi Traful. En sus orillas están los infaltables martín pescador. A la izquierda se observa la seccional de Guardaparques Villarino, y una señal que indica el camino menor si es que se desea acceder al lago Pichi Traful a sólo tres kilómetros de distancia. Pero ésta vez, seguimos por la ruta nacional 234, y tras dejar a la izquierda el desvío hacia Villa Traful, el camino comienza a bordear el Lago Correntoso. En la ribera hay una pequeña hostería de la familia Mapuche Quintupuray, y un área de acampe. La ruta permite superar los arroyos Neuquenco y Clacó y desciende hasta la península de Ruca Malén, donde se encuentra abandonada una histórica hostería, obra del arquitecto Bustillo. Pero hay que prestar atención a la derecha, porque se abre una opción mágica. Un camino menor permite llegar tras 3 kilómetros, al Lago Espejo Chico: una verdadera joya del paisaje patagónico. No obstante, esta vez no lo incluimos, ya que nuestro propósito es no apartarnos de la ruta central. De modo que frente nuestro, al dejar atrás la hostería solitaria, cruzamos el puente sobre el arroyo Ruca Malén, impresionantemente verde, y a la izquierda se puede ver su desembocadura en el lago Correntoso. El camino sube y tras dejar a la derecha una laguna de costas bajas y anegadizas, se abre un pequeño lago que no está señalizado: el Bailey Willis, siempre calmo, con una ladera rocosa que cae vertical sobre sus aguas. Es el séptimo lago de esta travesía, pero aún hay más. Tras sortear un recodo del Lago Espejo con la casa del Guardaparques junto a un gigantesco arrayán, se llega rápidamente a un mirador que domina gran parte del cuerpo central de este lago inmenso. Si se desea hacer una pequeña travesía de aventura, desde este punto se debe caminar hacia donde veníamos unos 300 metros, observando bien el bosque. Va a aparecer una picada sobre la que hay grandes troncos caídos. Si alguien se anima a cruzarlos junto con cañaverales y arbustos, se llega a la costa de una laguna llamada “Los Huillines”, La primitiva traza del camino pasaba por allí.
Volvemos a la ruta 234, y tras haber hecho exactamente 100 kilómetros, aparece nuevamente el asfalto. Se trata del empalme con la ruta nacional 231 que lleva hasta el Paso Internacional Cardenal Samoré que está a sólo 32 kilómetros. La recomendación es hacer por esta ruta apenas tres kilómetros y llegar a otro mirador sobre el lago Espejo, antes de retomar hacia el empalme y cubrir los últimos 13 kilómetros hasta Villa La Angostura. En este tramo, se abre el formidable Lago Nahuel Huapi, que con sus 550 kilómetros cuadrados se ubica como el sexto en extensión de nuestro país, ocupando áreas cordilleranas de Neuquén y Río Negro. La ruta hace ligeras curvas y contracurvas copiando la costa mientras las hosterías, cabañas y otros emprendimientos van preanunciando la proximidad de Villa La Angostura.
Antes de llegar a ella, se debe cruzar un puente sobre un río. Atención al río y a lo que se ve a izquierda y derecha. A izquierda se ve una vez más el Lago Correntoso, y a la derecha el Nahuel Huapi. El río Correntoso los une con sus apenas 250 metros, constituyéndose en el río más corto del planeta. Y ya estamos ingresando a Villa La Angostura. Es el momento de contar los lagos que pudimos observar a la vera de la Ruta de los Siete Lagos: Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso, Bailey Willis, Espejo y Nahuel Huapi. Son exactamente nueve.
Y si hubiésemos ingresado en el Meliquina, el Hermoso, el Pichi Traful y el Espejo Chico, hubiéramos totalizado 13 en apenas 113 kilómetros.
Un mundo de espejos rotos en medio del esplendor del bosque y las montañas del sur del Neuquén, en el corazón de la Patagonia de los Lagos.
Ricardo Caletti
Fotos Alberto Lapenta
Link a San Martin de los Andes
